El pasado viernes se declaró un incendio en una nave industrial del polígono Torre del Rector, en Santa Perpetua de Mogoda. Más de 90 bomberos y 32 vehículos trabajaron durante toda la noche hasta extinguirlo. La buena noticia: no hubo heridos y el fuego no se extendió a las naves colindantes.
Pero cuando el humo se disipa, empieza otra historia. Una que muy poca gente conoce.
¿Qué ocurre después de un incendio en una nave industrial?
Apagar el fuego es solo el principio. Después de un incendio en una nave industrial se abre una fase que puede durar meses: inspecciones, investigaciones, reclamaciones, seguros, decisiones laborales… Un mundo jurídico y administrativo que se activa casi de inmediato, aunque no salga en los titulares.
¿Qué pasa con los trabajadores?
Lo primero que protege la ley es a las personas. Aunque no haya habido heridos, la empresa debe demostrar que tenía todo en orden: planes de evacuación, formación contra incendios, señalización, equipos de emergencia…
Si la Inspección de Trabajo detecta que algo fallaba, puede sancionar a la empresa aunque nadie haya resultado herido. El riesgo en sí ya es suficiente.
Y si el incendio afecta a la producción, los trabajadores también tienen derechos claros sobre qué puede hacer la empresa con sus contratos mientras dura la crisis.
¿Quién investiga un incendio en una nave industrial?
Dependiendo de la causa, pueden intervenir varios organismos: los propios técnicos de la empresa, las aseguradoras con sus peritos, la Inspección de Trabajo, los servicios de seguridad industrial de la Generalitat y, si hubiera indicios de negligencia grave, también los juzgados.
El origen del incendio en una nave industrial, lo es todo. No es lo mismo un cortocircuito imprevisible que un fallo de mantenimiento que llevaba meses sin atenderse. La diferencia entre un accidente sin consecuencias legales y un expediente sancionador suele estar ahí.
El seguro: más complicado de lo que parece
Mucha gente asume que «para eso está el seguro». Y sí, pero con matices. Las aseguradoras envían sus propios peritos para determinar qué pasó, cuánto vale el daño y si la póliza cubre realmente lo que se reclama.
Hay exclusiones que sorprenden: falta de mantenimiento, incumplimiento de medidas de seguridad, agravación del riesgo no comunicada… Por eso es fundamental conservar desde el primer momento los informes de bomberos, fotografías, registros y cualquier documentación relacionada. Lo que no se documenta, no existe.
¿Y si hay vecinos o empresas afectadas?
En este caso no consta que haya habido daños en instalaciones cercanas, lo cual es una buena noticia.
Pero si los hubiera, cualquier empresa o particular perjudicado tiene derecho a reclamar: documentando sus daños, comunicándolo a su propia aseguradora e identificando quién puede ser responsable.
Lo que nadie cuenta: la fase silenciosa
Después de un incendio industrial, hay una pregunta que lo condiciona todo: ¿cuándo y cómo se puede volver a abrir?
No basta con limpiar y reparar. Antes de reanudar la actividad hay que acreditar que la estructura es segura, que las instalaciones eléctricas están revisadas, que las condiciones laborales cumplen la normativa y que la Administración da el visto bueno.
Una reapertura precipitada puede ser más cara que el propio incendio.
En resumen
Un incendio en una nave industrial sin heridos y sin afectación a terceros es, en términos humanos, el mejor escenario posible. Pero en términos legales, administrativos y empresariales, el trabajo acaba de empezar.
La diferencia entre cerrar el episodio sin consecuencias o arrastrarlo durante años casi siempre está en lo mismo: en haber hecho bien los deberes antes del incendio, y en tomar las decisiones correctas justo después.
Sobre el autor:
Abogado – Socio Área de Responsabilidades y Empresa
Sammos Legal Abogados



